
Viajando ando… y si no trabajando…
— Mayela Román.
Hola, viajeros. Aquí comienza mi blog de viajes. Espero que disfruten leyendo mis aventuras de viajera. Si quieren notificaciones en sus correos (ésas que nunca leen), suscríbanse.
Viajando ando… Y si no… trabajando…

Viajando ando… y si no trabajando…
— Mayela Román.
Hola, viajeros. Aquí comienza mi blog de viajes. Espero que disfruten leyendo mis aventuras de viajera. Si quieren notificaciones en sus correos (ésas que nunca leen), suscríbanse.
Mis conocimientos de política, geografía e historia, debo confesar que son bastante limitados. Aprendo de geografía cuando viajo. De historia cuando visito los lugares turísticos y te explican qué pasó ahí, te dan un poco de contexto histórico y mencionan fechas. Y de política la verdad nunca sé nada… (Sólo lo que Trevor Noah me explica de manera cómica).
No sabía que China no tenía Google hasta pocos meses antes de venir. Esperen, ¿tampoco Facebook?, ¡¿qué tal Instagram?! ¿Tampoco? ok…

Soy fan de las redes sociales, de las historias en instagram, de los mapas de Google… No ha sido fácil este detox, nada fácil.
Llegué a China sin celular, porque lo perdí una semana antes y pensé que era mejor esperarme a comprar uno aquí. Tenía un iPod dónde podía ver Google Maps pero no usarlos bien, por aquello de que es China, ¿no?
Tenía una cita al siguiente día a las 4pm. Tuve suficiente tiempo para perderme y caminar mucho por las calles de Shanghái. Creo que todos estamos familiarizados con el punto azul que nos dice que ahí estamos. El punto azul funciona aún cuando no estás conectado a Internet, lo cual es maravilloso. Entonces estoy con mi iPod en la mano y la calle que dice en los letreros no tiene nada que ver con la que se supone que dice el mapa… Respira, espera un poco, igual es el punto azul que está un poco confundido por encontrarse en China… Y el punto no se movía…

Así estuve caminando como 2 horas sin saber en realidad si estaba siquiera cerca porque las calles no concordaban con lo que yo veía en el mapa. Yo me seguía acercando a donde marcaba el destino. El punto azul decía que había llegado. Las calles seguían sin tener parecido con el mapa. Pregunté a una persona en la calle y él le preguntó a otra persona que afortunadamente hablaba inglés. Puso la dirección en su teléfono y no, efectivamente no había llegado. Vi su mapa y me explicó en qué dirección caminar. Tuve que volver a preguntar en una oficina de turismo que estaba por suerte por donde iba caminando. Llegué a tiempo.
Entonces me di cuenta que sí necesitaba un celular y que lo necesitaba urgentemente. Saliendo de la cita fui directo a comprarlo.
El mapa está en chino (obvio), pero me mandan direcciones a donde debo ir, copio, pego y voilà. Cuando tomo taxi sólo le enseño la dirección en el mapa y así sin comunicarnos, llego a mi destino.
Los que me conocen saben que no soy muy buena para los silencios. Sin redes sociales me siento con la necesidad de interactuar con la gente. Con los taxistas no he podido y es raro. En México cuando te subes al taxi mínimo hay un: qué calor hace, ¿no? Hasta un: se va platicando todo el recorrido… (cri, cri…)
Recién llagada a Shanghái, saliendo del aeropuerto, había una persona con un letrero que decía mi nombre. Le dije hola, me preguntó si hablaba chino, le dije que no y me dijo que él no hablaba inglés. Del aeropuerto al hotel hicimos poco más de una hora. No sé imaginan el trabajo que me costó no hacer plática. En mi mente pensaba: ¿de dónde eres? Qué frío, ¿no? Y la verdad me controlaba para no decirlo porque el señor ya me había explicado que NO hablaba inglés. No quería decir algo y que el ambiente se tornara súper incómodo. Pero qué estrés el mío al no poder entablar conversación con el taxista. Tengo que aprender a disfrutar de los silencios y aquí es el lugar perfecto para lograrlo. En el metro es chistoso observar a todos “interactuar” con sus teléfonos.

Creo que ya en la mayor parte del mundo el celular es súper importante. En China todo lo pagas con el celular, puedes salir de tu casa sólo con el celular y sobrevivir. Todo absolutamente todo lo pagan con el celular. Me sorprendió que hasta el autobús así se puede pagar. Yo tengo mi tarjeta que recargo con efectivo jajaja y la pongo cuando me subo. Hay personas que en vez de la tarjeta ponen su celular. China, me sorprendes. Compañeros del trabajo me dicen que nunca tienen efectivo y que incluso hay lugares que no puedes pagar con efectivo. Siento que vivo en el futuro jaja. Aunque no sé si todo el mundo esté listo para ésto. Por ejemplo, en México con eso de que te roban el celular bien seguido pues no sé que tan conveniente sea.
Sigo insistiendo en que debería de haber una aplicación que cuando te robaran el celular o se te perdiera, lo pudieras detonar y explotara. Los creadores de Samsung Note 7 deberían de pasar la receta para poder hacer explotar los teléfonos y así ya nadie quisiera robarlos #ideamillonaria.

En cuanto a las redes sociales, extraño mucho las historias de Instagram, no sé si más las mías o las de ustedes, pero en verdad las extraño. Whatsapp lo extraño cada que mando mensajes en WeChat, o sea, todo el día. Y Facebook, la verdad no lo extraño, sólo me encantaría poder bajar unas fotos de ahí para ponerlas de perfil en mi WeChat, sólo eso jaja.

Sé que es posible vivir sin redes sociales, pero no sin celular, sin mapas y sin Internet, al menos yo ya no podría.
Definitivamente en vez de ocupar menos la tecnología, la ocupamos más. Menos mal que puedo enviar estas líneas por correo y aunque no pueda ver mis artículos publicados me hace muy feliz poder compartirlos con ustedes.
¡Hasta pronto, mis queridos viajeros!
El día que decidí renunciar a mi trabajo, vender mi coche y viajar, no había decidido ningún destino en específico. “Iré a donde sea barato ir”. Facebook, leyendo mis pensamientos (o escuchando mis conversaciones…), me sugirió un vuelo redondo a Colombia por 6 mil pesos (320 USD) y dije: Colombia, agárrate que ahí te voy.
Mi mamá dio el grito en el cielo. Todo lo que se escucha en las noticias que te meten drogas en la maleta y te meten en problemas (y a la cárcel) resonaba en su cabeza. Con la promesa de que cuidaría mi equipaje en todo momento, la dejé un poco más tranquila.
Cuando cambié dinero en el aeropuerto. ¡Vaya sorpresa! 500 pesos mexicanos son aproximadamente 90,526 pesos colombianos. O sea, ¿cómo? ¿por qué tantos ceros? La chica de la casa de cambio contó el dinero, me lo da, lo cuento, no me sale la cuenta. Lo vuelvo a contar, me sigue sin salir la ecuación matemática. Le digo a mi papá: “¿me ayudas?” Él lo cuenta DOS veces. Y no nos salía la cuenta. Con pena, regresamos con la chica y ella empieza a contar lentamente para nosotros, bla, bla miles y miles. Y nosotros: “¡aaahhh… ok… gracias!” Qué confuso. Mi papá me recomendó tener cuidado cuando pagara para que no me pasara lo mismo porque no estaba acostumbrada.

Después de aproximadamente 4 horas, llegué a Bogotá (léase con acento Colombiano). Me quedé en un Airbnb en, lo que ahora sé, es una zona nice. No tenía ni idea de las zonas. Pero fui afortunada por haber elegido esa ubicación. Se llama Cedritos y las primeras fotos que tomé de la calle, me fascinaron.


Y allá voy el primer día a explorar. El chico del Airbnb me explicó algunas rutas y me dijo que el Transmilenio (el sistema de autobús de tránsito rápido, BRT, en el área metropolitana de Bogotá) era algo confuso, que tuviera cuidado y estuviera segura en cuál me subía.
Llego a la estación y en efecto, no sé a cuál subirme. Le pregunto a un chico. Me dice que va para el mismo lado y que lo siga. Con clases de Krav Maga antes del viaje, me sentía lista para seguir a un extraño. Nos fuimos platicando todo el camino. Le marcaban de su trabajo y él, muy tranquilo, les decía que iba en camino. Llegamos a la estación, se baja conmigo. Le digo que muchas gracias por la ayuda que no es necesario que me acompañe porque sé que le están marcando del trabajo. Él, súper tranquilo, me dice que me acompaña a la oficina de turismo. Su celular seguía sonando y él contestaba que ya casi llegaba.
La chica de la oficina de turismo le explicaba a él los lugares a los que debía llevarme. Y yo: no, no, no vengo con él, o sea sí, pero ya se tiene que ir a trabajar. O sea, ¿qué decía? Empezamos a caminar a los lugares turísticos y pues sirvió de algo para que me tomara fotos…

El tipo no se iba a ir fácil. No me atosigaba, ni me acosaba, sólo no se quería ir a trabajar jajaja. Entonces, vi una iglesia. Siempre me gusta ver las iglesias por dentro. Entonces le dije que iba a entrar y me dijo que ya se tenía que ir… Oh, ok… Más fácil de lo que imaginé, deshacerme de él. Gracias, chuchito salvador.

Había algunos museos que la entrada era gratis. Fui al de Botero. Me gustó mucho la Mona Lisa gordilla.
Ya en la noche y con sed de la mala, me dispuse a conocer la vida nocturna de Bogotá. Llegué a un bar que tenía una bandera del orgullo gay. Dije: “de aquí soy”. Entré y había un par de chicas. Me empezaron a hacer la plática y yo que soy cero amigable pues me dejé llevar. Ya entrada la noche, y con más gente en el bar, querían conocer más de México y yo de Colombia. ¡Guerra de baile, venga! Me enseñaron un ritmo que se llama champeta (yo la conocí antes que Shakira la volviera famosa después del Super Bowl 2020 jaja). Yo les enseñé un poco de duranguense y el jarabe tapatío jajaja.
No les puedo explicar lo bonito que se siente que muestren tanto interés por tu cultura. Y ser la sensación extranjera también es un sentimiento narcisista bien padre jaja, se los recomiendo.
Lo que más que gusto de Bogotá, definitivamente fue la gente. Tenemos una cultura muy similar. Son excelentes anfitriones, te hacen sentirte en casa en segundos. Te dan la bienvenida a sus vidas de inmediato. Salí con las chicas del bar muchas veces más durante mi estancia en Bogotá y cuando regresé sólo por una noche, una de ellas me ofreció su casa. Me quedé con ella y su esposo. Estoy impresionada de lo mucho que confían y cómo se entregan tanto a la gente. Colombianos, nunca cambien, son unos parceros muy bacanos. Ah y qué decir de la comida tan rica. Las arepas en cada esquina, aguapanela, sancocho, y mi favorita, bandeja paisa, uy ¡qué delicia!

Lo que menos me gustó fue el tráfico de la ciudad y la forma en la que manejan. Pensé que en México éramos cafres. En Bogotá nos dicen quítate que ahí te voy. Aceleran lo más que pueden aunque se vea un tope o un alto en la próxima cuadra. Entonces es acelerar a máxima potencia, frenar a máxima potencia. ¡Muy estresante!
Estuve en Bogotá, un poco más de una semana. La verdad, es mucho tiempo para conocer la ciudad. Si hubiera planeado mejor, habría podido ir a otros lugares en Colombia. Pero lo que conocí, definitivamente me encantó. Subí a la montaña Monserrate y pasé toda la tarde ahí, admirando la vista y esperando el atardecer. Súper relajante estar allá arriba y ver la ciudad.



Con mi aguapanela y arepa fui la más feliz haciendo lo que más me gusta después de viajar, escribir.
Los domingos, hay un lugar que no te puedes perder. Se llama “El Chorro de Quevedo”. Es una plazoleta donde la gente se reúne a pasar el rato. Cuando yo fui, había un show de comedia. Hay música y varios puestos ambulantes en las calles.



Algunos de los puestos venden la famosa Chicha. Yo no tenía idea de qué era. Las colombianas buena onda, que fueron mis guías de turista varios días, insistieron en que tenía que probarla. Es una bebida a base de maíz y piña fermentados y la endulzan con panela (piloncillo). Les comparto mi reacción.

Y así, pasé un domingo inolvidable en Bogotá. Me encantó ver a la gente sentada en el piso, contenta, tomando, riendo y pasándola bien, disfrutando de la vida. No recuerdo la hora, pero la policía llegó y nos pidió que nos empezáramos a ir. Todo muy tranquilo, nada más nos decían que ya era tarde (todavía había luz, no era noche) y que ya era hora de retirarse. Supongo que quieren evitar problemas ya entrada la noche con la gente un poco entrada en tragos.

Y fue así que terminamos en un lugar que se veía de mala muerte. Afortunadamente, íbamos con el esposo de una de las chicas que era un tipo bastante alto y fortachón, porque el lugar que no sé si era un bar, restaurante, cantina, o qué, pero estaba lleno de tipos borrachos. Las colombianas querían enseñarme un juego llamado Bolirrana (Boli rana). Básicamente es una máquina con ranas con la boca abierta y tienes que meter la bola en las bocas abiertas. Bastante divertido el juego y con buena compañía y cerveza colombiana, las horas volaron. Tuve el domingo más colombiano posible.


Mi viaje a Bogotá fue increíble porque conviví con colombianos la mayor parte del tiempo. Las ventajas de viajar sola es que conoces gente. Gracias a ellas pude conocer mejor la cultura colombiana y no sólo los lugares turísticos. Háganse amigos de los locales, es el mejor consejo que les puedo dar.

Hasta la próxima, parceros.
En mi primer artículo sobre china les dije que no sabía si era que todos los chinos fueran iguales con sus modales o si era mala suerte la mía, pues ¿qué creen?
Ahí les va…
Antes, quiero aclarar que el año que iba a estar en China se ha prolongado y ya llevo dos y voy por dos más. En estos dos años he podido conocer más la cultura y cada día aprendo algo nuevo.
Llegando a China debes de olvidarte de una cosa: “El espacio vital que necesitas para respirar y no sentirte invadido”. No hay nadie en el mundo con menos inteligencia espacial que un chino. Y se pone peor cuando traen paraguas. Más de una vez se han atorado conmigo y siguen caminando como si nada.
Otro problema que se presenta a diario es cuando haces filas. Literal puedes sentir la respiración de la persona que está detrás de ti.
En general, los chinos, NO tienen una buena higiene bucal. Es normal ver a niños con los dientes podridos. Cuando les pregunté que porque había tantos niños con los dientes negros, mis colegas chinos me dijeron que tienen la creencia que como de todas formas se te van a caer que pues no importa mucho. ¡¿Qué?!
Entonces, imagina que estás en una fila esperando subirte al tren. Te sientes abrumado por tanta gente alrededor. Cuando la fila se mueve un poquito todo mundo se empuja y quiere subirse antes del que está hasta enfrente. Alguno que otro suspira… dejando a todos a su alrededor desmayados por el hedor proveniente de su hermosa boca. ¡Ay, China!

El día de hoy un colega chino me preguntó qué clases obligatorias había en México.

Todo esto yo ya lo sabía. Lo he vivido dos años. Estoy familiarizada con mi entorno. Pero aún así fue sorprendente escucharlo de un chino. O sea, sí saben que lo hacen, saben que es un desmadre y que podría ser mejor. Saben que no tendrían porque vivir así.
Algo que me sorprende siempre es que en general no ves a la gente peleando en las calles. Por ejemplo, si en México alguien hubiera estado a punto de atropellarme. Siento que la reacción “normal”, tomando en cuenta mi temperamento un tanto explosivo, pues mínimo le pegaría en el cofre y le diría: “¿Qué te pasa, imbecil? ¿Qué no ves?” (Una vez me acuerdo que manejando en CDMX le aventé una botella de agua a otro coche cuando se me metió #ladybotelladeagua).
Pero aquí en Shanghái eso no pasa. Ni siquiera se gritan de cosas. Quizá a veces, muy a veces, pero en general cuando la misma situación pasa, el mundo se detiene por 1 segundo… se asustan, se quedan paralizados y después siguen caminando, o andando en bici o en la moto… “Aquí no pasó nada, y cada quién para su casa”.
En verdad me cuesta entenderlo… pero bueno, supongo que si no fuera así, pasarían todo el día peleando.
Me encontré este video en twitter. Supongo que a él no lo pueden arrestar jaja.
Y si bien no les enseñan civismo en la escuela, las reglas son claras, estrictas y aplicables. Si alguien se pelea a golpes, lo meten a la cárcel. A los dos, claro. Entonces la gente no se pelea a golpes. El mismo colega chino dice que te meten a la cárcel y eso va directo a tus antecedentes penales y si quieres ser doctor, abogado o maestro debes tener un historial impecable, de lo contrario, nadie te contrata.
Aquí una galería de la vida en China y su caos sin violencia.





No todo son filas, escupitajos y malos olores. No tengo nada en contra de los chinos, lo juro. Y sé que son muy inteligentes y que han hecho y están haciendo cosas increíbles. Pero cuando los ves por la calle sin la habilidad de caminar, manejar o andar en bici en línea recta, te preguntas si los antepasados de esa persona fueron los mismos que construyeron la muralla o ya cambiaron mucho sus genes.
¿Qué dicen, viajeros? ¿Los espero en Shanghái?
Hasta la próxima.
La isla de Jeju (yo lo pronuncio “yeyu” y la gente me entiende, supongo que está bien dicho) está catalogada desde el 2011 como una de las siete maravillas naturales del mundo moderno.

Volar desde Shanghái es económico y rápido. Entonces escaparse un fin de semana es posible. Llegamos el jueves por la noche. Nos formamos en la fila para tomar un taxi. Me sorprendió la perfecta organización para formarte y subirte. Las instrucciones bastante claras en inglés, coreano y chino. Aún así, no faltó el chino despistado que quería subirse al taxi como Dios, o sea Buda pues, le diera a entender. El oficial coreano, a cargo del orden, le pidió que por favor siguiera las instrucciones y se formara en el número 1. Muy confundido el pobre chino, se fue a formar… al número dos…
Nos subimos, el taxi empezó a manejar sin pedirnos la dirección. Saliendo del aeropuerto se paró y empezó a ver la dirección y a preguntarnos cosas. En China ya sabemos decir “ting bu dong” para decir que no entendemos pero en coreano todavía no sabemos. Le marcan al taxista, empieza a hablar y a decir el nombre del hotel más de 7 veces. “Landing casino 나는 무엇을 모른다, 나는 무엇을 모른다”.

De repente, se baja del taxi. Otro taxi atrás de nosotros se estaciona. Siendo mexicana pues ya estaba yo asustada pensando en secuestro.com. Abre la cajuela, saca las maletas, las pone en el otro taxi y pues supongo que nos dijo que el otro taxi nos llevaría. Nos cambiamos de taxi.
El taxista nos dice: “Landing Casino?” y nosotras: “yes!”. Mi novia quiere saber en cuánto tiempo llegamos. Le pregunta: “how long?”. Él contesta: “hello!” Empiezo a reírme porque #simple. Lo pone en el traductor y el celular formula la pregunta en coreano. El taxista entendió, obvio. Nos responde en coreano jajajajaja. O sea ni idea de lo que dijo. Entonces, Kelley quiere intentar entender y le dice “one, two, three? how long?” y el taxista le dice: “ok”. Yo lloré de la risa.
Llegamos sanas y salvas y nadie nos secuestro. Qué padre es estar en Asia y sentirse segura. Al día siguiente reservamos un viaje en submarino.


De ahí queríamos ir a las cascadas Jeongbang. No compramos una SIM card porque cuando llegamos al aeropuerto estaba ya todo cerrado. Entonces moverse e investigar fue algo complicado. No lo volvemos a hacer.
Cuando le preguntamos al chico que nos vendió los boletos para el submarino cómo llegabámos a la cascada, ofreció llevarnos en una de las camionetas de la compañía. “La gente linda tiene suerte” según el papá de una amiga chilena. Estoy de acuerdo.



Terminamos el día con una sesión de fotos en un lugar cerca de las cascadas. Estaba vacío, mucha gente veía el lugar pero pasaba de largo.


Ojalá pudiera decirles a dónde fui al día siguiente. Pero sólo le dije al concierge que me mandara a una playa bonita, lo escribió en coreano, llamó al taxi y terminé aquí.





Después de un día bastante relajado en la playa con mi libro. Estaba lista para disparar unas cuantas balas. Siempre había querido disparar una pistola. Cuando era niña mi papá nos compró un rifle a mi hermano y a mí y era súper divertido dispararle a las figuras de metal en el campo.
No recuerdo la última vez que disparé el rifle pero supongo que ya 20 años quizá han pasado. Mi puntería pensaba que no era tan buena pero ¿qué creen? Resultó mucho mejor de lo que pensaba. El chico que daba las instrucciones me decía que cerrara el otro ojo. Y yo: ¿eh? ¿cómo? ¿así? Y cerraba el mismo… mejor me dijo que cambiara la pistola de lado jajajaja. O sea, ¿toda la gente puede cerrar el derecho y el izquierdo? Sólo yo estoy medio mensa, o ¿qué pasa?




El video en instagram @mayelatraveling
Y así pasé un fin de semana en Jeju, la isla en Corea (del Sur obvio…) Tendré que regresar a ver el amanecer en el parque Seongsan y visitar el Parque Nacional Hallasan.
Hasta la próxima, mis queridos viajeros.

Tailandia (1ra parte)
Cuando te dicen Tailandia primero lo deletreas mal en tu mente y piensas que vas a ir a Thailandia. Luego, no sabes a qué parte ir porque hay muchas opciones con sus ventajas y desventajas. Mucha gente, pero bonito o un poco más caro pero menos gente… Entonces después de mucha investigación (un amigo comentó en un grupo de WeChat, el Whatsapp chino, que fue a KohLipe y le encantó), decidí que Koh Lipe era la respuesta correcta.
Mi amigo sí comentó que era una chinga llegar a esa isla pero que valía mucho la pena. Mi “investigación” tomó 10 minutos. Hacerlo posible le tomó a mi novia muchas horas de investigación y un día entero para reservar todo. Pasó por diferentes estados emocionales y físicos incluyendo algunos como: frustración, enojo, dolores de cabeza y CASI una ruptura amorosa… pero lo logró… nos llevó a Koh Lipe.
Volamos a Bangkok y de ahí a Krabi. Pero en Bangkok, yo que soy mexicana, tuve que solicitar la visa on arrival (visado a tu llegada). Tienes que llenar un formato, llevar fotos y dinero (baht, tipo de moneda) en efectivo.

Cuando me formé tenía casi hora y media para el vuelo de conexión. Parecía tiempo suficiente para lograrlo. Una oficial tailandesa se daba vueltas para revisar que estuvieras en la fila correcta y trajeras los documentos completos. Le comenté que tenía un vuelo en una hora (ya habían pasado 30 minutos) a lo que ella contestó: “It’s ok, it’s ok”. Implicando que todo estaba bien y que lograría subirme al avión a tiempo. Pasaron 30 minutos más y seguía en la fila.
Pasó la misma oficial, le volví a decir que mi vuelo ahora era en 30 minutos a lo que ella volvió a responder: “It’s ok, it’s ok”. No, no “it’s ok” o sea no conocía el aeropuerto, tenía que cambiar de terminal, ir a la aerolínea para recoger el otro boleto, pasar por seguridad y llegar a la puerta de embarque. No “it’s ok” nada “it’s ok”.
Ya casi para llegar a las ventanillas de la visa, había otro oficial. Le dije que mi vuelo se iba en 20 minutos y muy preocupado y consciente de la situación me mandó a una fila especial. No pagué los 2,000 Baht que se supone tenía que pagar (ahora sé que hay un convenio y que nadie tiene que pagar hasta el 30 de abril del 2020).

Pregunté dónde era la terminal 2. Me dieron instrucciones y corrí como nunca en mi vida he corrido antes. Les juro me acordé cuando de niña corría con tenis nuevos y le decía a mi papá que corría más rápido. Entonces llego al mostrador para recoger el pase de abordar que mi novia me había dicho ya estaba impreso. Me mandó una foto de la chica que lo tenía. Me salto la fila, voy directo a buscarla, no la veo, le enseño la foto a otra agente y me dice que la chica se acaba de ir. ¡ME QUIERO MORIR! Le explico que mi vuelo se va en 5 minutos, por favor, por favor, ¿me puedes imprimir el pase? Medio mamona me dijo que estaba ocupada. Una que estaba a lado de ella se desocupó y me dijo:
-Tu vuelo está a punto de irse.
-Lo sé, te prometo voy a correr como nunca antes en mi vida.
-Te voy a dar el pase pero no sé si lo vayas a alcanzar.
Como no tenía que facturar equipaje funcionó.
Y allá voy… “Corre como el viento tiro al blanco”. Me salté todas las filas posibles y los policías que te checan el equipaje me echaron porras y me animaron: “you can do it!”
Llego a la sala de abordar y están formados entrando al avión. ¡¡¡¡LO LOGRÉ!!!!
Estresada y con posibles efectos secundarios en mi salud pero ya en el avión que iba a Krabi. Llegando, compramos una SIM card con internet ilimitado por 300 BAHT (10 USD). Bajé la aplicación Grab que es como Uber y así nos transportamos en toda nuestra estancia en Tailandia sin H.
La primera noche en Krabi nos quedamos en un hotel de lujo por la módica cantidad de 1,300 BAHT (42 USD) la noche. Mi parte favorita fue la vista que teníamos desde la habitación. Se veían árboles cubiertos por el mar.

Nunca había visto algo así. Me fascinó. Y en la tarde, cuando bajó la marea se veían así.

Al día siguiente teníamos que tomar un speedboat (barco que va RAPIDÍSIMO… y pensar que soy traductora jajaja) en Pak Bara. No fue fácil llegar porque no era temporada alta y no había autobuses que te llevaran. Tuvimos que hablar con gente de la estación de autobuses para que le hablaran a un taxi porque, por alguna razón, en Grab no estaba la opción. Supongo que porque era bastante lejos. El taxi nos cobró 3,500 BAHT (115 USD). Después de casi 4 horas, llegamos a Pak Bara.

La experiencia del speedboat no se la recomiendo a NADIE. Bueno, la verdad a la oficial que me decía “it’s ok” sí, a ella sí. No sé ni cómo empezar a describir. Sentí que la columna vertebral se desviaba cada 3 minutos. Pensé que no iba a poder caminar, en serio no estoy exagerando. Tenía miedo, me sudaban las manos, me quería agarrar pero no sabes de dónde. El tipo que maneja se ve tan tranquilo que en serio piensas que algo estás haciendo mal. Intenté pararme como él y casi me rompo las piernas. Lo peor de Tailandia fue el speedboat sin duda alguna.

La recompensa fue buena entonces no me voy a quejar. ¡Mentira! Siempre me quejaré de esa experiencia. Llegamos a Koh Lipe, con la columna desviada y más estresadas que nunca pero listas para disfrutar de la belleza del lugar.
Ya les contaré más a detalle sobre Koh Lipe otro día con más calma.

Hasta la próxima, queridos viajeros.
Vivir cerca de la estación de tren de Hongqiao tiene sus encantos. Es por eso que decidí tomar el tren de Hongqiao a Beijing en vez de ir hasta el aeropuerto de Pudong.
Los boletos igual de caros, volar o tomar el tren, terminas gastando lo mismo entonces si vives o te quedas cerca de Pudong, vuela. Si no, toma el tren.
Después de 5 horas en tren y dos años en China… llegué a Beijing, ya era justo y necesario. Me formé para tomar un taxi, la fila algo larga y tediosa por aquello de los chinos que les encanta gritar en vez de hablar. Pero tuve bastante tiempo para encontrar la dirección de mi hotel en chino para mostrarla al taxista.
Cuando tomas un taxi en China el conductor hará lo que yo llamo “La regla de tres” te preguntará 3 veces lo mismo.
Taxista: “Fahua nan li 10 hao má?” (El nombre de la calle y el número).
Yo: dui (sí)
Taxista: “Fahua nan li 10 hao má?”
Yo: dui
Taxista: “Fahua nan li 10 hao má?”
Yo: (dependiendo de mi humor)… DUI!!! a veces… dui…
Y empiezan a manejar. No me ha pasado en ningún otro lugar más que en China. Se quieren asegurar TRES veces que les estás dando la infomación correcta. Supongo…
Me registré en el hotel, uno de los pocos que encontré, ya que en Beijing muchos hoteles sólo aceptan huéspedes de nacionalidad china. Entonces las opciones son limitadas y mi presupuesto algo apretado por aquello de los múltiples viajes planeados. Con ese presupuesto y las reglas de “China es para los chinos”, dormí en un hotel decente.
Al día siguiente me recogieron a las 6:30 de la mañana para comenzar un tour. Lo reserve en trip.com por 199 RMB (28 USD). Comenzamos en la fábrica de jade donde había un comedor con 6 bancos que costaba 288,000 RMB (40,900 USD) y un barco de jade que costaba 26,800 RMB (3,800 USD). Entonces básicamente vi todo lo que me gustaba y no podía comprar y lo que podía comprar y no me gustaba. Las vendedoras chinas sí que hacen bastante bien su trabajo y te presionan muchísimo. Estuve así (dedos juntos indicando diminuta proximidad) de comprar unas pulseras que estaban decentes. Y bastante abusadas las chinas, te hacen la plática y te preguntan a qué te dedicas. Después de mucho capté que es parte de la labor de venta. Yo toda emocionada contándoles de mi trabajo y ellas viéndome con signo de pesos (yuanes, pues).


Después fuimos a la tumba de Ming (Ming Tomb Dingling) que es básicamente un terreno con muchos edificios que parecen templos y dentro de esta propiedad están enterrados los cuerpos del emperador y su esposa pero no saben exactamente dónde… O eso nos dicen yo creo para que no los busquemos o algo.

A la hora de la comida como a las 12pm fuimos a un restaurante de comida china. La típica mesa redonda que da vueltas y sirven diferentes platillos. Te sirves, le vas dando vuelta a la mesa, te estás sirviendo, alguien medio menso le da vuelta sin fijarse que no has terminado, se disculpa, regresa la mesa, hay un silencio incómodo y alguna que otra risa… Y una de dos… o ya no quieres servirte para que no te pase lo mismo, o te sirves ahora súper rápido sin éxito alguno porque servirse rápido con palillos chinos no es una tarea fácil que digamos. Toda una experiencia esto de las mesas redondas.
Después del estrés de la comida rodante. Fuimos a bajar la comida a la Muralla China. La parte que visitamos se llama Mutianyu. El tour no incluía los boletos del teleférico para subir y bajar. Pagas 120 RMB (17 USD) a la guía y ella va y los compra. Te evitas filas y hablar en señas para que entiendan qué es lo que quieres.
Una vez arriba, ya en la muralla, lo que pensaba era: si camino muy lejos tengo que regresar. Entonces caminé poco jaja primero hacia la derecha. Luego regresé al punto de inicio y exploré un poco la parte izquierda. Me sentí muy orgullosa por caminar lo mínimo y “explorar” la muralla. Ya casi al final de mi recorrido me encontré a un abuelito con toda su familia. Le intentaban ayudar y él se rehusaba y caminaba solo. Mi curiosidad fue mayor que mi vergüenza por entrometerme en la vida de los demás y le pregunté a la que supuse era su nieta. ¿Cuántos años tiene? 92 años. Y yo contando pasos para no caminar de más…
Algunas personas después de escuchar esta historia me dicen: yo espero que a esa edad pueda seguir explorando en mundo. A lo que yo contesto: si ahorita tengo flojera de caminar, yo creo que cuando tenga 90 no voy a querer salir ni a la esquina. Por eso viajo ahorita que todavía tengo un poco de ganitas jajaja.
Después de la muralla fuimos a una fiesta de té. Te dan a probar distintos tipos y la verdad están deliciosos todos. Sales toda emocionada queriendo comprar uno de cada uno y salen con sus precios todos exorbitantes. Por medio kilo de té querían 300 RMB (42 USD) ¡¡¡pero si son hierbas!!! Entonces no compré nada.
Y el tour llegó a su final, me dejaron en el mismo lugar donde me recogieron a las casi 7 de la noche. Un tour bastante completo y recomendable.
Beijing, en el día uno, definitivamente me cautivaste. Ya habrá tiempo de hablar de tus colores otoñales.
Hasta la próxima, mis queridos viajeros.

Como bien ya saben, lo que más disfruto en la vida es viajar y no sólo viajar a distintos lugares sino darme el tiempo de llegar a conocer la cultura y forma de vida de los lugares que visito. En esta ocasión tendré muchos temas que contarles porque aquí, en el lugar donde me encuentro, estaré un año.
Para visitar China, la verdad es que no se necesitan más que las ganas de hacerlo. En este tiempo milennial, todo, absolutamente todo es muy rápido o como diríamos en México, en chinga.
Todas las personas que quieran venir a China necesitan visa, ya sea de turista, negocios, trabajo o estudiante. No puedes entrar si no tienes visa. Pero la realidad es que el trámite es cero engorroso y teniendo los papeles que necesitas es súper rápido. Yo me fui a formar a la embajada a las 5:30 a.m. y estuve esperando hasta las 9:00 que es cuando abren. A las 9:30 ya estaba fuera y fui a recoger la visa al día siguiente. Mi recomendación es que vayan directamente a la embajada por el formato que necesitan llenar antes de ingresar los papeles, porque el que yo llevaba de Internet estaba mal. Me dieron el formato correcto, me sacaron y me tuve que volver a formar. Tuve suerte porque ese día no había tanta gente y no tuve que esperar tanto.

Volé de la Ciudad de México a San Francisco aproximadamente 5 horas, después esperé 5 horas en el aeropuerto y ya después directo a Shanghái 13 horas. Sí, el viaje es muy largo. Otra recomendación es que nunca escojan conexiones de vuelos muy seguidas, ya que si el primer vuelo se atrasa pues se pierde la conexión del siguiente y todo se complica. Yo con las 5 horas que estuve en SFO pude reclamar que rompieron mi maleta. Fui a quejarme y me dieron una maleta nueva, cambié mis cosas de maleta y me dio tiempo perfecto de hacerlo sin prisas.
En el avión comenzó el choque cultural, adelante de mí un señor quería meter su maleta a un lugar que estaba claro para TODOS los que estábamos a su alrededor que no iba a caber, excepto para él que lo intentó en repetidas, REPETIDAS ocasiones.
Me tocó viajar en el asiento de en medio y el señor del lado derecho estaba enfermo y tosía y no se tapaba la boca, ¡¿Como por qué?! O sea, ¡sentido común, gente! Les juro, me volteaba para taparme de sus bichos; si a él no le daba pena pues a mí tampoco que se diera cuenta de que me molestaba que me aventara sus bichos. Ya después comenzó a cubrirse un poquito, pero ah ¡qué horror!
El señor de la izquierda de repente estornudaba (yo creo que todos en el avión estábamos enfermos) y tampoco se tapaba. Necesito estar un poco de tiempo más aquí para saber si fue súper mala suerte que me tocara con los peores educados o es algo normal para ellos andar esparciendo sus gérmenes por el mundo.

Debo de confesar mi ignorancia y les juro que pensé que todos los chinitos iban a ser iguales y que me costaría trabajo diferenciar a uno de otro, o incluso que saldría a la calle y que todos serían tipo clones caminando, y ¡qué equivocada estaba! No son iguales. Ni siquiera se parecen jajaja o sea, sí pero la verdad súper ignorante yo.
Regresemos a lo milennial que es todo en China. Fui a ver un departamento, tenía la cita a las 9 a.m. y a las 11:00 firmé contrato y la chica me preguntaba si me quería mudar al día siguiente. ¿Así nada más? Sin referencias, sin revisar mi historial de nada (que igual no tengo en China pero de todas formas, ¿no?) Así de fácil y de sencillo que en 2 horas puedes encontrar depa (piso)y mudarte en ese mismo instante si es que así lo deseas. Fui a abrir una cuenta de banco y se tardaron como 1 hora y salí con mi tarjeta en la mano. Nada de “ven por ella mañana”, “nosotros te hablamos”; todo funciona eficientemente.
Compré un celular bastante, bastante decente que me costó 700 RMB (100 USD). Los mapas están en chino y hablo 0.o de chino. La verdad la gente es súper linda. Les preguntas en la calle e intentan explicarte. Les pedía que me pusieran las direcciones a las que tenía que ir en mi celular y ya podía llegar. En el metro les enseñaba a las personas el celular para preguntarles en qué dirección debía ir. Y antes de subirme al autobús también les enseñaba el celular para asegurarme que era ese y que no iba a terminar en quién sabe dónde. Y toda la gente la verdad intenta ayudarte.
Entonces, estoy por subirme al camión que me habían dicho y pregunto con señas: “¿De a cómo?” jajaja así con los dedos preguntando “¿cuánto cuesta?” entonces la chica me hace una seña que en México le decimos “cuernos” con el dedo meñique y el pulgar y yo: este… no sé lo que eso significa. Y ella insistía con la seña y yo con mis dedos diciendo: ¿¿FIVE?? Y ella: no, ¡SIX! Jajaja. Se apiadó de mí y me dijo ya en inglés porque vio que en verdad no entendía con la seña.
Llegando al trabajo pregunté qué onda con las señas y me enseñaron esta imagen. Yo no sé ustedes, pero para mí el 7 debería ser el 8 y el ocho, siete.

Apenas llevo 1 semana aquí y ya tengo tanto que contarles. No puedo imaginar todas las historias que tendré para ustedes en un año.
Hasta pronto, mis queridos viajeros.
Cuando estuve en Perú en febrero del 2017, la montaña de los siete colores era una atracción reciente. Nunca había visto fotos de la montaña ni había escuchado hablar de ella. La familia de mi Airbnb, en Cusco, me recomendó el sitio y lo reservé con la misma agencia que hice el Tour Inca Jungle para ir a Machu Picchu.
Pasaron por mí a las 3:30 de la mañana, un horario algo inusual. Me tocó sentarme a lado del chofer. Nos fuimos platicando todo el camino. Le conté sobre mi viaje a Machu Picchu y estaba el señor muy orgulloso y emocionado con mis historias.
Llegamos a Vinicunca, o la montaña de los siete colores como mejor la conocen ya muchos, y tenías dos opciones: rentar un caballo que te acercara a la montaña para que caminaras menos o caminar aproximadamente 3 horas seguidas para acercarte y subir a la montaña para tomar la, ahora ya, famosa foto.
El señor chofer me motivó y me dijo que con el entrenamiento de haber ido a Machu Picchu sería pan comido subir a esta montaña. Yo, alentada por la aprobación de un extraño, emprendí la caminata con entusiasmo.

Llegar al pie de la montaña no fue tan complicado. Algunas personas se detenían en el camino a masticar hoja de coca. Los originarios del lugar aseguran que masticarla ayuda a combatir la sed, el hambre, el dolor y el cansancio. También ayuda a las personas que tienen mal de altura o mal de montaña. Gracias al cielo y a los dioses incas, no sé cómo explicar qué es eso porque no me dio. Si tienes curiosidad por saber qué es, nuestros amigos de Wikipedia, te lo explican con mucho gusto.

Lo que sí te puedo contar es que la hoja de coca cuando se somete a un proceso químico se obtiene la cocaína. Es por eso que sólo Bolivia y Perú están autorizados para cultivar plantas de coca.
Y comenzó la subida a la montaña para obtener la mejor vista. Algunos llegaron hasta la mitad y ya no podían más, tomaban la foto, descansaban y regresaban. Yo mantenía un diálogo con mi mente y cambiaba de parecer cada dos segundos. Llegué a la mitad, tomé fotos, descansé y después de una larga discusión conmigo misma, decidí subir hasta la cima.

Estar en la cima y haberlo logrado es un sentimiento increíble. El viento no te deja disfrutar mucho, pero la satisfacción de haber llegado, estará de por vida, también esta foto.

Me encantaría que éste fuera el final de la historia. Quiero que noten la blancura de mis tenis en la foto anterior. Cuando bajé de la montaña me empezaron a doler las rodillas… otra vez.
Parecía que iba a llover, entonces decidí rentar un caballo para el regreso. En el preciso instante que me subí al caballo comenzó a llover. El dueño de mi transporte me pidió que apagara mi celular y me dijo muy tranquilo: la montaña atrae los rayos (por todos los minerales que tiene, es por eso que tiene tantos colores) y los celulares, también.
Un poco nerviosa por el pronóstico de una lluvia elétrica, apagué mi celular inmediatamente. No pasaron ni 2 minutos cuando un rayo cayó a varios metros de nosotros. Les juro tuve una experiencia cercana con la muerte. Nunca había visto un rayo tan cerca. Vimos primero la luz, el señor que iba jalando al caballo se tapó los oídos, yo lo imité. Al país que fueres haz lo que vieres. El caballo comenzó a brincar del miedo y yo sin agarrarme por tener las manos en los oídos pues caí al suelo en lo que yo sentí fue cámara lenta. Mi mochila lastimó mi espalda pero siento que amortiguó la caída. Decidí caminar en vez de montarlo otra vez.
Comenzó a llover más fuerte y caía granizo. Una chica que me vio caer del caballo se hizo mi amiga de viaje de regreso y decidimos empezar a correr. El granizo me pegaba en la cara y sentía que me aventaban piedras. El señor del caballo nos alcanzó y nos dijo que no corriéramos porque el piso estaba resbaloso. Le hicimos caso y empezamos a caminar. La lluvia no duró mucho tiempo, pero por si acaso yo dejé mi celular apagado.
No pude tomar fotos del lugar en el camino de regreso. Cambió tanto, el piso era blanco por el granizo que cayó. De un día soleado con el pasto verde cambió totalmente. Se veía increíble. Sin embargo, por la preocupación de todo lo que había pasado no lo pude disfrutar al máximo.
El camino de regreso se hizo eterno. Sin celular, sin poder ver la hora, con un miedo terrible después de lo que pasó con el caballo, con dolor (ya no sabía de dónde, ¿rodillas, piernas, espalda?) y ahí voy otra vez ¡AL SUELO! El piso efectivamente estaba resbaloso y allá fui a dar. La chica, muy preocupada por mis caídas, me ayudaba.
Enlodada de pies a cabeza y con los zapatos aún más resbalosos por el lodo, seguí. Llegué a dónde estaba mi admirador peruano #1 y le dije: casi muero en la montaña de los siete colores.

Al comentar con las otras personas del grupo lo que me pasó, uno de ellos me dijo: ¿y no te rompiste nada? ¿Caíste de un caballo y no te rompiste ningún hueso? Eres muy afortunada.
Sí que lo soy.
Ya ven cuando la gente dice que a partir de una experiencia aprendieron a ver la vida con otros ojos. A mí me pasó eso. Y ahora, claro, le tengo pánico a los rayos. Gajes del oficio, esto de ser viajera.
Hasta la próxima, mis queridos viajeros.

Mi sueño era conocer Machu Picchu, tener una foto como todas esas que vemos cuando nuestros amigos visitan ese maravilloso lugar. Esas ganas de estar ahí me llevaron a mi siguiente destino: Sudamérica.
Después del recorrido que ya les conté de 4 días para llegar, después de caminar como nunca antes lo había hecho, llegó el tan esperado día.
Me levanté a las 3:30 a.m. Teníamos que empezar a caminar hacia la puerta del puente, el primer acceso a la zona arqueológica, para entrar a las 4 a.m. La noche anterior tuvimos que comprar algo para desayunar porque a esa hora nadie nos daría nada. Después de un plátano, yogurt y galletas, comenzamos la caminata hacia el puente en pequeños grupos. Hicimos como 30 minutos, quizás un poco menos, y tuvimos que esperar formados a que abrieran. Justo a las 5 a.m. abrieron y ahí nos esperaban las famosas escaleras de Machu Picchu.
No tengo idea de cuántos escalones sean, pero es MUY pesado subirlos. La verdad sirvió mucho el entrenamiento de los días anteriores. Tardé en subir exactamente una hora. Recuerdo que mi reloj marcaba las 6:07 a.m. y el guía nos esperaría a las 6:15 en la entrada. El guía fue muy enfático en el uso del baño antes de entrar a Machu Picchu ya que adentro no hay baños. Entonces hice la parada obligatoria que tiene costo de 1 sol, aproximadamente 5 pesos mexicanos (30 centavos de dólar).
Los tours anteriores a éste que contratamos con la misma agencia, nunca comenzaban a la hora pactada. Esto para mí era muy desesperante porque son minutos de sueño que me robaban. Empezamos casi a las 7 la explicación con todo el grupo. Yo tenía cita para subir a Huaynapicchu, la montaña más famosa, a las 8. Si quieres subir a la montaña más alta que es ésta, tienes que reservar por internet con anticipación. Yo igual lo reservé con la misma agencia que hice el tour.
Cuando comenzó la explicación, el dios de la lluvia se hizo presente y comenzó a llover muy fuerte. No se veía nada de lo que nos estaban explicando y pues mi mente pensaba en todo menos en seguir la historia de los incas que contaba el guía. Estaba estresada por no llegar a la cita que tenía porque aparte no se veía nada nada, había mucha neblina y cuando me decían que tenía que caminar “para allá” yo sólo veía nubes y pensaba que me iba a perder, muy desesperante en verdad.
Me despedí de todo el grupo y continué el recorrido sola ya que después de la explicación con los guías, teníamos tiempo libre en Machu Picchu y cada quién escogía su camino. Llegué a tiempo a la entrada de Huaynapicchu (que tiene diferentes formas de escritura pero es la que más me gusta). Vi la imagen de todo lo que iba a subir y pues me preparé psicológicamente para subir y subir y subir. Tardé una hora exacta en hacerlo. Una hora subiendo escalones es mucho más pesado de lo que se lee, ¡se siente como si fueran 3 horas!

Ya estando hasta arriba de la montaña más alta, exhausta, lo menos que esperaba era una gran recompensa, un bello paisaje, ¡pero NO! Seguía nublado y esta es la foto que saqué estando hasta arriba. Bonito, ¿no?

Estuve 15 minutos en una roca, descansando y rogando a los dioses incas que saliera el sol o que por lo menos se quitaran las nubes …sólo una foto, ¡sólo una! Había un policía hasta arriba que te invitaba a comenzar a descender para que no se atiborrara de gente, ya que no es muy amplio. Me comí unas papas fritas para motivarme al descenso. Tampoco podía esperar mucho ya que tenía que estar en Hidroeléctrica a las 2:30 p.m. Me tomó 40 minutos bajar. La bajada es menos pesada, pero por alguna razón me empezaron a doler las rodillas; mi cuerpo no estaba acostumbrado a tanta caminata.
Cuando bajé, seguía nublado, menos, pero la visibilidad era limitada. Lo que pude ver de Machu Picchu fue de camino a la salida porque faltaba la hora de bajada y las 3 horas de camino de regreso que hicimos el día anterior. El tiempo me estresaba bastante así que tomé fotos y ésta es la que tengo de mi visita, con el impermeable que fue la mejor inversión que pude haber hecho en Perú, una toalla empapada y mis zapatos de caminata en la espalda porque me lastimaban, o sea ¡todo mal! pero la cara de felicidad ahí estaba. Donde están las nubes imagínense las montañas, ¿va?

Saliendo de Machu Picchu, lo que se debe hacer es poner un sello en el pasaporte y ¡se me olvidó! Fui otra vez al baño porque me esperaba una larga caminata aún y empecé a bajar. Como ya me dolían las rodillas me tardé igual una hora en bajar. Insisto en que la bajada requiere menos esfuerzo físico pero igual es cansado y cuando ya duele o molesta algo es bastante pesado. Cuando terminé de bajar los escalones me detuve unos segundos y las piernas me comenzaron a temblar horriblemente ¡no me podía detener! todavía faltaban 3 horas y el tiempo estaba justo. Y así, sin detenerme por miedo a que si me sentaba ya no me iba a poder levantar, caminé hasta Hidroeléctrica.
Llegué a las 2 de la tarde, pasé por el mochilón que había dejado en el restaurante y me senté a comer algo. Contando las horas que caminé ese día… 10 horas seguidas con 15 minutos de descanso; me sentía rara. Me sentía feliz pero un poco frustrada por no haber logrado ver Machu Picchu como esperaba verlo. Creo que si hubiera llegado en tren y subido en camión y me hubiera encontrado con el día más nublado que he visto me hubiera llevado una gran decepción. Pero logré disfrutar todo el camino, todas las aventuras que me llevaron hasta ahí no las cambio por nada. Entonces quizá Machu Picchu no fue lo que yo esperaba, pero todo lo que me llevó ahí me gustó tanto que me siento feliz y orgullosa de haberlo logrado.
Mi recomendación es que si van se queden un día más en Machu Picchu pueblo para que no tengan la presión del tiempo por regresar tan rápido, puedan disfrutar más tiempo ahí y puedan esperar a que salga el solecito. Llegué a Cusco como a las 10 p.m. y preparé la maleta para la última caminata que me tenía Perú, la montaña de los 7 colores.
¡Hasta pronto, mis queridos viajeros!

No sé para cuántos de ustedes Machu Picchu se encuentre en el top 10 de su lista “cosas que debo hacer antes de morir”, la famosísima “Bucket List”. Bueno, pues para mí lo era y fue así como decidí que mi siguiente destino tenía que ser hacia Sudamérica.
Nunca he sido de esas personas que planean sus viajes metódicamente, día por día, ni mucho menos hora por hora como algunos obsesivos. Soy más de esas personas que deciden las actividades hasta el momento en que conocen el lugar. No siempre con un buen resultado he de confesar, como lo verán en esta historia que les quiero compartir.
Volé de Lima a Cusco, los vuelos son muy baratos y son muy frecuentes. ¡Cusco es una ciudad bellísima! – que por cierto, se traen un relajo con la manera correcta de escribir Cuzco o Cusco pero bueno, es lo mismo y las dos son correctas. Yo prefiero Cusco, no sé, se ve más bonito escrito así. Decidí quedarme en una casa de Airbnb por todas las reseñas positivas que tenían en la aplicación. Aunque de haber planeado el viaje con anticipación y saber que pasaría 3 noches fuera, quizá me habría ahorrado algunos soles.

Lo primero que hice al día siguiente fue ir directo a una agencia turística, que la familia del lugar donde me hospedé me recomendó. Fue entonces cuando me di cuenta que, si hubiera planeado con anticipación, habría logrado ver más cosas o por lo menos disfrutar más de todo lo que hice, que en verdad fue bastante. Aunque deben saber desde ahorita que esta historia no tiene del todo un final feliz.
Existen miles de formas para llegar a Machu Picchu, algunas más costosas y por supuesto más cómodas que otras. Yo escogí un tour en la agencia, llamado Inka Jungle, y todo lo que les voy a describir de la experiencia, créanme, se queda corto con lo que fue vivirla.
Nos recogieron a las 7am en la plaza principal. En Perú, todas las plazas principales se llaman Plaza de Armas. Yo, muy emocionada, llevaba un mochilón para los 4 días que duraría el viaje; primer error. Comenzó la aventura a algunos kilometros de Cusco donde, muy equipados, recorrimos 50km en bicicleta en una carretera que sólo tenía dos carriles, uno de ida y uno de vuelta. La carretera era de bajada así que mucho esfuerzo físico en realidad no era necesario. Sin embargo, la adrenalina de la velocidad y de los coches pasando MUY cerca de ti, le ponía todo el sabor de deporte extremo.

Otra dificultad que se presentó fue que había que pasar por unas curvas donde corría agua, como si un arroyo cruzara la carretera. Pasamos por más de 10 de esas curvas con agua; la verdad nunca había visto que en una carretera corriera agua, me fascinó, aunque algunos de los que iban el tour se derraparon en esas curvas y se cayeron. ¡Muy peligroso por aquello de los coches pasando! No ocurrió ningún accidente grave, sólo algunos sustos y una chica con el hombro lastimado que en un par de días ya estaba lista para seguir con la aventura. Todo valió la pena por las hermosas vistas que ofrecía el trayecto. Esa imagen mía, recorriendo Perú en bicicleta, créanme que será de esos recuerdos que ves cuando segundos antes de morir, ves pasar la vida ante tus ojos.
En esos 50 km pasamos por todos los climas posibles, calor, frío (de ese que te congela la cara) y lluvia. Al finalizar la aventura del ciclismo, todos estábamos completamente empapados. De algo sirvió mi maletón porque me pude cambiar en la camioneta antes de seguir el viaje.
Llegamos al primer pueblo donde pasaríamos la primera noche, Santa María. He de confesar que de los 3 hostales en los que estuvimos, éste fue pésimo. Había muchos bichos y me despertaba a mitad de la noche a echarme repelente porque sentía que caminaban por mis piernas, en verdad fue una noche terrible. Los otros dos hostales estuvieron bastante decentes. Después de comer y cambiarnos, nos dispusimos a realizar la segunda actividad: Rafting.

Sin duda, el equipo que se forme para el rafting determinará el grado de diversión que tendrás. En mi caso, me tocó el MEJOR equipo. Una mezcla de nacionalidades siempre será el secreto para pasar un tiempo inolvidable. Entre chilenos, una francesa y yo, representando a México orgullosamente como siempre, el rafting se tornó la actividad más divertida de todo el viaje.
El segundo día prometía ser el más pesado ¡Ocho horas de caminata! Cuando te dan informes no son tan específicos en decirte que el esfuerzo físico es magistral. Yo sentí desfallecer (no soy tan dramática, es real) un par de veces. No sólo es caminar 8 horas, es caminar bajo el sol, subir y bajar por las montañas en unos caminos muy estrechos. ah, ¿y el mochilón? lo mandé por taxi al hostal de Santa Teresa.

Existe el tour de 4 días y otro de 3; en el segundo no haces la caminata de 8 horas y te mandan directo a Santa Teresa la primera noche. Si te gusta caminar (a mí no me gusta, pero fue una experiencia hermosa, exhaustiva pero hermosa) y apreciar la naturaleza, definitivamente no te puedes perder la caminata.


Se dice que todo en esta vida tiene su recompensa, y sí, en este caso no fue distinto. Después de esa larga caminata llegamos a unos baños termales en medio de las montañas, que en verdad está de no creerse. Logramos ver el lugar aún con luz y cuando comenzó a oscurecer se sentía mucha paz. Pasamos ahí un poco más de una hora y venía la pregunta del millón; ¿Caminas el kilómetro que falta o te vas en taxi? TODOS nos fuimos en taxi.
Santa Teresa nos esperaba con una cena magnífica (todas las comidas del viaje estuvieron deliciosas) y una fiesta con pisco que ninguno de nosotros esperaba; segundo error. El pisco peruano, un aguardiente de uvas, que es muy rico cuando se toma mezclado. El famoso pisco sour es una de mis bebidas favoritas. Peeeroo aquí una recomendación: NO tomen shots de pisco… repito… NO TOMEN SHOTS (¡Nótese el plural!) de pisco. Su yo del futuro se los agradecerá. En este caso, yo tenía reservada una actividad de circuitos de tirolesa (zipline) y otra caminata de 3 horas al día siguiente.
Para aquellos que tienen duda qué lleva el Pisco Sour. Es una bebida tipo Margarita con hielo, limón, huevo (suena raro, pero no sabe, es sólo para darle consistencia), jarabe de goma y amargo de angostura, éste último la verdad creo que sólo se consigue en Perú, aunque no es necesario para que las recetas caseras queden increíbles. Hay algunas variantes de sabor, pero el original es de limón.
Bueno, continuando con la historia, los circuitos de la tirolesa estuvieron fantásticos. Hay uno donde tienes la opción de aventarte como Spiderman, boca abajo. Supongo que si no estás crudo (resaca) se ha de sentir mucho mejor. Y llegó la que según yo era la ÚLTIMA caminata para llegar a Machu Picchu ¡Oh no, qué equivocada estaba! 3 horas caminando de Hidroeléctrica (donde volví a dejar mi mochilón en el restaurante que comimos) a Machu Picchu pueblo.
Por la noche volvió a surgir una pregunta que cambiaría mi vida (aquí sí hay drama…). Al día siguiente para ir a Machu Picchu, ¿tomas el tren y pagas, o caminas y es gratis? Mochilera y ya con el entrenamiento arduo de los días pasados, decidí caminar.
Ese día lo recordaré como el día que caminé 10 horas seguidas con únicamente 15 minutos de descanso y no logré ver Machu Picchu. Les dije que era una historia triste…
Pero les cuento esa historia la próxima vez, porque aún hay mucho qué contar, y claro, también para mantener el suspenso…
¡Hasta la próxima, mis queridos viajeros!
